Lo único que debes hacer es asistir a clases

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En su maravilloso libro Lo único, Gary Keller postula que la mejor manera de conseguir aquello que quieres es buscando siempre “lo único”. Es decir, aquello que puedes hacer hoy y gracias a lo cual todo lo demás te va a resultar más fácil o incluso innecesario. ¿Y qué debería ser lo único para ti o para todo el que pretenda convertirse en un bailarín? Apuesto a que ya sabes cuál es mi respuesta: asiste a clase todos los días.

Todo bailarín exitoso que conozco toma por lo menos una clase diaria. Suele ser la primera acción del día, la puerta de entrada a una ardua agenda, que incluye ensayos, nuevos montajes, sesiones de rehabilitación, fortalecimiento y, desde luego, presentaciones.  La clase es lo primero y lo más importante. En ella está concentrada la esencia, las bases de su arte y los fundamentos que le permitirán enfrentar con eficacia las diferentes tareas que tiene por delante. El bailarín exitoso sabe que al priorizar la clase está centrando toda su atención y energía en lo más importante: aquello con el potencial de definir el éxito o el fracaso de sus restantes acciones.

Así pues, priorizar la clase de ballet es un ejercicio de enfoque, de concentración. Igual que cuando se extrae el perfume de una flor, el resultado es una pequeña gota de esencia, lo suficiente para crear magníficos perfumes. Se trata entonces de llegar al corazón mismo de las cosas, al núcleo de “lo necesario” para consolidar tus metas. Si lo que quieres es convertirte en bailarín, ¿qué es lo único que puedes hacer hoy y gracias a lo cual todo lo demás te va a resultar más fácil o innecesario? Espera un momento, piensa bien tu respuesta… ¿Ver videos de ballet? ¿Leer biografías de bailarines? ¿Llevar una rigurosa dieta? ¿Tomar sesiones de coaching? Sí, todo eso y más; pero nada sustituye a la clase.

El método que te propongo es el de la simplificación. Simplificar es ignorar todo aquello que podrías hacer y dedicarte a hacer lo que debes hacer. Consiste en reconocer que no todas las cosas importan igual y, en ese sentido, encontrar aquello que más importa. De manera que los buenos resultados dependerán de cuánto seas capaz de reducir el objeto de tu atención. Sintetizar, estrechar el foco de tu atención al máximo, centrarte en una sola acción y dejar que las demás pasen a segundo plano. Por supuesto que hay que leer biografías de bailarines, pero primero lo primero. Y el primer lugar sólo puede ser ocupado por una cosa. Curiosamente, la mayoría de los bailarines piensa que lo que deben hacer es justo lo contrario. Creen que para lograr sus objetivos es necesario dedicar mucho tiempo y esfuerzo a varias actividades. En consecuencia, sobrecargan su agenda y sus listas de tareas con asuntos pendientes que les superan. Además del colegio y sus responsabilidades en casa, se inscriben en infinidad de actividades extra, ¡uff! Terminan agotados y saturados, con resultados decepcionantes, mucho estrés, sueño atrasado, cansancio, lesiones… De tal forma que no es extraño que lo que antes era amor termine convirtiéndose en hastío, y que el hastío los lleve a abandonar sus sueños.

¿Para qué tanta cosa? Limítate a ir a clase, que la misma clase te dirá qué hace falta. Estando allí, tu desempeño mostrará si requieres de algún plan de fortalecimiento, si conviene pedir cita al nutricionista o tener una charla con un coach. Todas estas cosas son importantes para tu proceso, pero siempre hay una que lo es aún más, que debe ser el punto de partida y que, de alguna manera, incluye a las restantes. Créeme, no todas las cosas importan por igual. Si todo te parece importante, entonces todo te parece igual. Y la igualdad no es más que una ilusión. Es por eso que te la pasas muy activo y atareado tratando de responder a todo al mismo tiempo y con el mismo empeño. Actividad no implica productividad, y estar atareado rara vez tiene que ver con hacer las cosas con eficacia. Henry David Thoreau dijo: “Con estar atareado no basta. Las hormigas lo están. La cuestión es: ¿ocupados en qué?”

Recuerda que “el que mucho abarca poco aprieta”. Tenemos un tiempo y una energía limitados, de modo que cuando abarcamos mucho no logramos controlarlo todo. Lo lógico sería hacer menos cosas para lograr un efecto mayor en lugar de hacer más cosas con sus correspondientes efectos negativos. Simplificar es una estrategia sencilla que da frutos extraordinarios y que funciona siempre, en cualquier parte y para cualquier propósito. ¿Por qué? Porque tiene un único objetivo: acabar conduciéndote al punto clave, al núcleo de tu estrategia para convertirte en bailarín. Al simplificar centras tu atención en lo esencial. Y al volcar toda tu energía en ello, esa única actividad se convertirá en el más potente y eficaz trampolín para impulsarte al logro de tus metas. Si te fijas bien, es la manera más coherente de vincular el trabajo diario con tus objetivos, lo que haces con lo que deseas.

Valery García, bailarina de sexto año de la escuela Taglioni Ballet.

Keller, para ilustrarlo, pone como ejemplo la caída de fichas de dominó. Cada ficha de dominó puesta en pie representa una pequeña cantidad de energía potencial. Cuantas más fichas alinees, más energía acumularás. Si alineas la cantidad suficiente, con un simple toque desatarás una reacción en cadena de sorprendente potencia. En tu caso, cada ficha de domino es una clase de ballet y, con ella, un poco más de fuerza, un poco más de elasticidad, un poco más de velocidad, de control, de precisión… y, por supuesto, un peldaño más cerca de convertirte en el bailarín que has soñado.

En efecto, cuando una cosa, la adecuada, se pone en movimiento, puede movilizar muchas otras. Y es que lo único tiene el poder de generar un efecto de halo sobre el resto. Admítelo, hay cosas que no harías de no ser porque ya estás aquí, en el salón de danza. Al cruzar esa puerta, te ves arrastrado por su atmósfera, invadido por su influjo. Haces tus ejercicios de fortalecimiento porque cuentas con los elementos a la mano, realizas tus estiramientos porque ves a otros hacerlo, practicas ese paso que tanto te cuesta porque estás ahí, rodeado de esos espejos y esas barras que, de alguna manera, te incitan a hacerlo. La disciplina de tu maestro es estimulante y la pasión de tus compañeros es contagiosa. Estar rodeado de excelencia te hace querer ser excelente, porque lo que vemos es lo que hacemos. Es decir, solo con asistir a clase se desencadenan por sí solas otra serie de acciones que son vitales en tu proceso formativo.

Pensar en una única cosa para lograr tanto puede sonar traído de los cabellos. Claro, nos cuesta creer que con muy poco se puede lograr tanto. En 2001, un físico creó ocho fichas de dominó, cada una de las cuales era un 50 por ciento más grande que la anterior. La primera medía solo cinco centímetros, mientras que la última alcanzaba casi los dos metros. La caída de las fichas empezó con un suave golpecito y acabó enseguida por un fuerte estruendo. Esto demuestra cómo una pequeña ficha, una diminuta cosa, un sencillo acto puede, gracias a la progresión geométrica, llegar a tener enormes consecuencias y generar resultados extraordinarios.

Así que, está bien que apuntes a lo más alto. De hecho, deberías apuntar siempre a lo más alto. Pero antes hay que alinear tus prioridades, identificar la primera ficha de domino y darle ese necesario golpecito inicial. ¿Por qué funciona? Porque todo éxito es secuencial. Si haces bien una cosa (y no cualquier cosa, la cosa indicada), después harás bien las siguientes. En otras palabras, un pequeño acierto marcará el rumbo para que emerjan aciertos mayores y, con tiempo y perseverancia, la suma de todas esas acciones virtuosas dará como resultado la consolidación de tus propósitos.

Ya sé lo que me dirás: “Profe, lo difícil no es dar ese golpecito a la primera ficha, sino hacerlo a diario.” En efecto, asistir a una clase es fácil; el verdadero truco consiste en hacerlo todos los días (sí, incluso aquellos en que no te apetece). Entonces, también es necesario convertir lo único en una rutina, en un hábito. ¿Muy difícil? ¡Al contrario!, desde la perspectiva de lo único no se trata de ser disciplinado siempre y en todo. Para convertirte en bailarín no necesitas tener fuerza de voluntad a tiempo completo ni realizar una maratón de acciones disciplinadas. En realidad, basta con canalizar un poco de disciplina hacia aquella acción que hayas establecido como la más importante y mantenerla al inicio, hasta que aparezca la costumbre y tome el relevo. Así, cuando asistir a clase se haya vuelto una rutina, ya no dependerás más de la fuerza de voluntad. Recuerda que la ventaja del hábito es que nos permite trabajar en automático, sin mucho esfuerzo y sin pensárnoslo demasiado. ¿Lo habías olvidado? Entonces te invito a que releas Cómo vencer la pereza: sobre la metáfora de El jinete y el elefante. https://lamentedelbailarin.com/como-vencer-la-pereza-sobre-la-metafora-de-el-jinete-y-el-elefante/

El término que utiliza Keller para denominar este proceso es disciplina selectiva. En su libro pone el ejemplo del nadador olímpico Michael Phelps, el hombre con el estatus de máximo medallista olímpico en toda la historia de la natación. Phelps canalizo toda su energía en una única actividad que acabó convirtiéndose en todo un hábito. ¡Adivina cuál! Sí, nadar todos los días. Ese es “el secreto” de este monstruo del deporte. Él entendió que para hacer algo tan sencillo (y a la vez tan difícil) cómo asistir diario a entrenamientos, lo que necesitaba en realidad era la disciplina justa para empezar, porque el resto se daría por sí solo. En otras palabras, lo que hizo fue trabajar de forma habitual en algo hasta que ese algo le funcionara de forma habitual. ¡Inténtalo tú también! Asiste a clases de manera constante durante un par de meses y te aseguro terminarás por volverlo una costumbre, a tal punto que ya te hará falta. ¡Vamos!, da el primer golpecito a la primera ficha, y mantente firme y persistente mañana y pasado mañana y…

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